Pasos en tierra conocida

Dos años desde que me hice una pregunta: ¿Qué ves? La pregunta que debería haber sido tan tuya como mía. Pero la escondí, la metí en un poema escueto y fragmentado para que se le secaran los pétalos y el dolor no encontrara las palabras.

Hace algunos años más elegí un camino, de nuevo, que me llevó a lo que soy. Y lo que soy es el inicio. He mirado al suelo y veo mis pasos, y otros que se le parecen, emborronados. Benditos círculos sagrados.

He vuelto al sitio donde soy, donde estoy y donde siento. Al lugar donde amo. Lloro. Vivo. Duelo. ¿Muero?

En la juventud encuentro la sabiduría de equivocarme, y religiosamente sigo errando. Porque el día que no lo haga estaré dejando de buscarme y, ese día en el que me crea conocida, habré muerto. No habrá pasos aunque siga respirando. Porque la humanidad está en la constante búsqueda de uno mismo, en cada lucha, cada caída, cada grito de rabia, y cada salto al vacío. No me conformo. Con nada.

Con nada. Y menos, con eso.

Me enseñáis en bandeja de plata vidas que no existen y tenéis el valor de sonreírme. Pero eso no me concierne. He dejado de vivir en vuestro mundo y no voy a volver, por más sueños de arena que intentéis venderme. Y mirad que lo he intentado. Intenté ser como vosotros.

Pero, resulta, que soy como nosotros.

Nosotros,
tan humanos,
tan llenos de amor,
tan tristes.
Nosotros,
los que llenamos
con la luz
del vacío.

¿Qué ves?

Me veo.

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