¿De quién son esas lágrimas?
El pueblo duerme. Todos han cerrado los ojos. En esta ceguera no pueden ver, es obvio. Pero sienten el movimiento, la tensión. Sienten ese olor. Sutil y aberrante.
El pueblo se ha dormido, pero no descansa. En la noche, las criaturas juegan a existir. Crecen hasta que su tamaño se dobla, hasta que se triplica en más de una ocasión. El corazón y las entrañas forman una sola masa que se entrelaza cada vez más, haciendo nudos imposibles entre la cordura y el ser.
Ser un pueblo dormido no es fácil entre tantos monstruos. No es fácil entre los susurros que no pasan desapercibidos. Pero ¿quién nos escucha cuando todos duermen?
Ojalá la simplicidad del abrazo y el "todo está bien". La caricia y el "ha sido un sueño".
Sin embargo, amanece y el nuevo día vuelve a abrir los ojos cansados. Cuentas uno, dos, tres... ¿cinco? nudos nuevos. Más. El olor persiste, avisa. Y sobre la almohada, la prueba irrefutable. El crimen.
¿De quién son esas lágrimas?
El pueblo se ha dormido, pero no descansa. En la noche, las criaturas juegan a existir. Crecen hasta que su tamaño se dobla, hasta que se triplica en más de una ocasión. El corazón y las entrañas forman una sola masa que se entrelaza cada vez más, haciendo nudos imposibles entre la cordura y el ser.
Ser un pueblo dormido no es fácil entre tantos monstruos. No es fácil entre los susurros que no pasan desapercibidos. Pero ¿quién nos escucha cuando todos duermen?
Ojalá la simplicidad del abrazo y el "todo está bien". La caricia y el "ha sido un sueño".
Sin embargo, amanece y el nuevo día vuelve a abrir los ojos cansados. Cuentas uno, dos, tres... ¿cinco? nudos nuevos. Más. El olor persiste, avisa. Y sobre la almohada, la prueba irrefutable. El crimen.
¿De quién son esas lágrimas?


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